Mensaje a mi yo del futuro

Hace cuatro años me dejé escrita una carta. Entonces hacía meses que había terminado la tercera de las únicas cuatro relaciones que he tenido hasta ahora y aún no conocía con quien compartiría la siguiente. Desgraciadamente, en estos cuatro años se me había olvidado leerla, y revisándola compruebo que debí hacerlo, y hasta detenidamente. Que me daba buenísimos consejos. Recordádmelo cuando conozcáis mi quinta relación, por favor.

Escrito el 26 de septiembre de 2016, y aún vigente.

Hola, José.

Ya te lo has dicho: “hasta las trancas”. No querías, pero qué más da. No depende de ti; nunca depende de quien se enamora. Te enamoras y te jodes, no puedes controlarlo. No te voy a reprochar nada, ni te voy a tratar de convencer de que te desenamores, que pa qué: en este momento es imposible. No te sientas culpable ante ella, que si tiene su propia trayectoria de decepciones, está o acabará estando igual contigo, o después con otra persona. Como -espero- has dado con una persona inteligente, entenderá que puedas estar “hasta las trancas” y a la vez preocupado. Y si no lo entiende, comenzará a distanciarse de ti y se lo tendrás que agradecer porque entonces te desenamorarás de otra mujer de la que habrás estado enamorado equivocadamente.

Así que, ya en este punto, vamos a ver cómo lo gestionamos.

Mola, ¿eh? Qué guay. Lo de las mariposas en el estómago, las sonrisas monguer, las conversaciones moñas, las “buenas noches” por las noches y los “buenos días” las mañanas, tenerla de okupa en tu mente y encima desnuda con lo buena que está al menos para ti, sentirte tan respaldado en tus cosas por tener alguien -¡nada menos que ella!- coincidiendo contigo… Qué bien te sientes, ¿eh? Por favor: recuerda que por esto has pasado otras veces. Que sí, que mola saber que no eran ciertos aquellos temores tras el divorcio, por los cuales quizá uno sólo se enamoraba una vez en la vida. Es más: cada vez que te has enamorado lo has hecho, o mejor: te has entregado, con más intensidad. Pero recuerda lo que tanto te has cuestionado en tu última catarsis, desde la que te estoy escribiendo ahora: ¿es bueno enamorarse?

Tampoco le des mucha importancia. No es que sea bueno o malo. Simplemente “es”. Ahí está. Sucede. Vamos a ver cómo lo gestionamos.

Primero, José, la lex parsimoniae o navaja de Ockham. Si crees que estás cometiendo un error porque creas que ella “no es”, con el verbo ser como intransitivo, ¡intenta apearte! Siempre -siempre- has sabido cuándo tu relación era inviable, y siempre ha acabado confirmándose su inviabilidad. Y no te castigues, que nunca fueron profecías autocumplidas, que personas que os conocían a ambos te advirtieron del hostiazo que siempre acababas dándote. José, tío, fíate de ti mismo, que eres muy gañán para muchas cosas, pero esto no se te da mal.

Segundo, José, tronco, lo de “el amor lo puede todo” es uno de los mitos del amor romántico. Es de manual. Si ella no es para ti, no lo es ni con las actuales circunstancias ni en el futuro, porque es mentira: el amor no lo puede todo. Si algo te dice que ella “no es ella”, no es la “tu ella”, no trates ni de cambiarla a ella ni, menos, de cambiarte a ti, que acabarás avergonzándote de ti mismo. Tienes muy claro qué “no” quieres en una mujer, y si ella tiene algo que no quieres en una mujer, saldrá mal. Lo sabes: saldrá mal. Te lo repito: saldrá mal. Saldrá mal, saldrá mal, saldrá mal, saldrá mal…

Si no hay dudas, si crees que no hay razones para pensar que “podría ser ella”, guay. Avanza. Pero si las hay déjalo ahora. Ahora mismo. Lee esto y organiza el desmontaje, tratando de quedar como un señor. Piensa en el tiempo u oportunidades que has perdido no dejando las relaciones que se prolongaron un sólo minuto más del necesario. En ese caso, no vuelvas a perder tiempo u oportunidades, recuerda que nunca se recuperan. Sí: si te apeas ahora vaya hostiazo. Pero créeme que dolerá menos ahora, y hasta dejará el bonito recuerdo de convertirla en inspiradora musa imposible -como te pasó con H-, mucho mejor que todo el dolor o, peor, asco, que te provocará más adelante. ¡Joder, tío, que lo conoces! Si “no es ella”“tu ella”, ¡olvídate! ¡No vas a ser tú la excepción a la realidad de “el amor no todo lo puede”!

¿Y ella entonces? No te preocupes mucho. Ellas son más fuertes que nosotros. Igual le duele más a corto plazo, pero, como todas, en pocas semanas se habrá olvidado hasta de los buenos momentos que tú siempre recordarás haber vivido juntos, y tú seguirás mirando atrás con una mirada triste. Siempre te ha sucedido así. Es lo mejor para ella.

José, en el caso de que no haya motivos para dudar que ella “sea ella”“tu ella”, sólo te pido dos cosas: Primero, no hagas mucho el ridículo. Sí, la gente es muy indulgente con el ridículo de los enamorados, hasta lo disfrutan, les encantan las historias de amor. Pero si la cosa termina mal por alguna otra razón, te podría dar vergüenza el mero hecho de no haber ocultado tu enamoramiento. ¡Joder, tío, que te ha pasado!

La segunda: si apuestas, hazlo con todas las consecuencias. No te representes mentalmente la posibilidad de terminar la relación. Nunca vuelvas a situar a ninguna ante un escenario imaginario de ruptura. Ya está bien de pajas mentales, tronco, contrólate. Esas pajas, en soledad.

Bueno, yo, yo ya me despido desde el pasado, que tengo que seguir mirándome este pelazo en el espejo. Buenos días o, si nos sorprende el Apocalipsis, buena suerte.

José.

PD.- Como te hayas cortado el pelazo, te/me mato.

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