Las parafilias no implican trastorno mental

Es habitual tildar de trastornados mentales a quienes ejercemos nuestra libertad sexual mediante prácticas eróticas no convencionales. Lo cual sólo se puede sostener desde la osadía de la ignorancia o, peor, desde el odio del puritanismo moral de un extremo ideológico o el neopuritanismo del otro. Porque la comunidad científica que estudia la mente y la conducta y trata sus enfermedades las tiene despatologizadas cuando no producen angustia personal, no interfieren en otras facetas de su vida, no involucran otras personas sin consentimiento válido o no suponen riesgo significativo de lesión o muerte.

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¿Qué es un «kinkster»?

Los kinksters reclaman ser bedeesemeros y descalifican como «sadosaurios» a todo quien, rechazando ser kinkster, practique BDSM. Y éstos reclaman practicar el auténtico BDSM descalificando, llamándolos «kinksters», a todo quien lo haga rechazando identificarse con ellos. Así, puedes ser considerado a la vez kinkster y sadosaurio por un extremo y el contrario sin ser ni lo uno ni lo otro. Pero ¿qué es un kinkster y dónde está el BDSM?

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Los mitos románticos, según Carlos Yela

Mucho se habla de los mitos del amor romántico, ocultando su autoría o arrogándosela plagiadores, cuando no manipulando su contenido al servicio de intereses ajenos a la verdad científica. Aunque quizá se esté hablando demasiado, porque, también quizá, el amor romántico está siendo reemplazado por un amor líquido, a decir de Bauman, con mitos de aún peores efectos.

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El magisterio del ars erotica y el BDSM

En “La voluntad de saber”, de 1976, primer volumen de los tres de su “Historia de la Sexualidad”, Michel Foucault sostiene el ars erotica como uno -el otro sería la scientia sexualis- de los “procedimientos para producir la verdad del sexo”. El BDSM es el único ars erotica de occidente.

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Saudade

Me considero un tipo vital, enérgico, jovial… aunque en ocasiones tengo arrebatos de melancolía. No es que de repente caiga en barrena; la mejor metáfora que he encontrado es como si volando de repente los motores renquearan, se apagaran y tuviera que planear para, precisamente, no entrar en barrena, y mantenerme en el aire la mayor cantidad de tiempo posible, en silencio (“en silencio”), esperando a que los motores vuelvan a arrancar antes de que al ir perdiendo altura llegue a tocar suelo.

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