¿Qué es un «kinkster»?

Los kinksters reclaman ser bedeesemeros y descalifican como «sadosaurios» a todo quien, rechazando ser kinkster, practique BDSM. Y éstos reclaman practicar el auténtico BDSM descalificando, llamándolos «kinksters», a todo quien lo haga rechazando identificarse con ellos. Así, puedes ser considerado a la vez kinkster y sadosaurio por un extremo y el contrario sin ser ni lo uno ni lo otro. Pero ¿qué es un kinkster y dónde está el BDSM?

EL sustantivo «kink» es de lengua inglesa (cuya primera acepción de significado principal viene a ser reveladoramente el de «giro o curva en algo recto»), y coloquialmente o como argot significa «preferencia personal sexual inusual», «desviación sexual» especialmente en el ingles británico, «preferencias o comportamiento sexuales extraños [bizarros] o no convencionales», «singularidad de la personalidad; excentricidad, especialmente preferencia sexual extraña», «peculiaridad o desviación en comportamiento o gustos sexuales» o «comportamiento o gustos sexuales no convencionales», como concepto etimológicamente procedente de la lengua sajona o bajo alemana media del s. XVII a su vez con origen en el neerlandés o en el nórdico antiguo, con la actual referencia a las perversiones sexuales desde la década de los años ’50 del pasado s. XX.

Por su parte, el adjetivo «kinky» quizá apareció a mediados del s. XIX para significar «interesado en o practicante de actos sexuales inusuales o pervertidos», «involucrado o afín a un comportamiento sexual inusual», es relativo a «gustos extraños [bizarros] o desviados, especialmente de naturaleza sexual o erótica» o a «vías inusuales de excitarse sexualmente»…

Todo, según los Diccionarios de la Oxford Unversity Press, el Collins English Dictionary, el Random House Webster’s Unabridged Dictionary, el Chambers Dictionary, el The American Heritage Dictionary of the English Language, el diccionario Merriam-Webster o el Longman Dictionary of Contemporary English.

El adjetivo «kinkster» no aparece en ninguna de dichas fuentes, aunque se arroja con una definición similarísima a la de kink por ejemplo en el informal Urban Dictionary on-line, como «quien disfruta y participa de actividades sexuales inusuales [kinky]». Las personas identificadas en esa definición, en España han venido prefiriendo apelarse como kinksters como sustantivo más que con la sustantivización del adjetivo kinky por su homofonía con el sustantivo argótico castellano «quinqui», que se define como persona marginada que comete pequeños delitos.

Así, en síntesis, «kinkster» es el sustantivo referido a quien practica sexo no convencional, siendo éste el minoritario, por mayoritariamente considerado como extraño.

CONFORME dicha definición, ser sadosaurio, es ser kinkster. Pero también lo son los swingers. Y los homosexuales que practican cruising. Y quienes se centran en una concreta parafilia, como, sólo por ejemplo, la agalmatofilia (lo de quienes, sobre todo en Japón, mantienen su relación sexual principal con muñecas hiperrealistas). Por no hablar de delitos sexuales afortunadamente castigados en el Código Penal, aunque no falten posmos que defiendan por ejemplo la destipificación de la pederastia.

¿Cuál es entonces la diferencia entre un bedeesemero -que también practica sexo no convencional- y un kinkster?

Muchos, escudándose en una suerte de rudimentaria «ética kinkster», se desmarcan de swingers, cruisers, agalmatófilos… pese a subsumirse en su definición (“quien practica sexo no convencional, siendo éste el minoritario”). No niego que haya principios o valores de grupos que se consideren así catalizados, aunque tampoco creo que cualquier ética sea moralmente aceptable: hasta el Partido Nazi tenía principios o valores éticos propios.

Por ejemplo, por muy ético que, desde el relativismo posmoderno que fundamenta dicha “ética kinkster”, pueda parecer distorsionar otras relaciones afectivas, esto es claramente inmoral. No encuentro diferencia ética alguna entre un depredador sexual y tanto “kinkster con valores” con doble moral bifurcada en una pública impostadamente elevada y otra privada abiertamente inmoral.

Por eso, muchos que practicamos «sexo no convencional» nos desmarcamos cuanto podemos de ellos. Y en muchos casos nos identificamos con el BDSM como lifestyle para la intimidad, un estilo de vida sexual más allá de prácticas puntuales, no con éticas prefabricadas. Desde esta perspectiva, la práctica de “kinks”, el “sexo no convencional”, no basta para llegar a BDSM. Si no, rough sex con parafilias sería BDSM, y no.

¿TENEMOS claro que rough sex con parafilias no llega a ser BDSM? El BDSM es más. No son juegos, sino toda una dinámica que acumulativamente implica bondaje, disciplina, dominación… el etcétera que incluye su sigla. Si eres spanker, te has quedado acaso sólo en la S de sádico, pero te falta el resto de las letras para considerarse BDSM. Practicas sadismo sexual sin practicar BDSM. Clarísimo.

Y si vives el BDSM como una dinámica para tu intimidad, no como un catálogo de prácticas parafílicas divididas en cuatro compartimentos (uno bajo la letra B, dos con sus respectivos subcompartimentos bajo respectivamente las letras D y S, y el compartimento señalado con la letra M), sino como un conjunto, un todo, no te sustraes a la realidad de que ello implica D/s, una relación especial, entre una parte “top” y otra “bottom”, denominándose generalmente aquélla “Amo” como traducción menos afortunada del “Master” ingles, que no deja de significar “Maestro”.

Porque así el BDSM tiene, como dinámica, como sistema, como algo integral, vocación de “ars erotica”, que. Como ya dejé escrito

Y me estoy refiriendo al BDSM en cuanto a relación, no como meras prácticas, descartando así que suponga un ars erotica para kinksters. Ello por cuanto a asumir prácticas bedeesemeras como meros juegos en la experimentación sexual le falta lo que para Foucault implica ser arte erotico: un maestro, discípulos, la relación desigual entre ambas partes, la reserva hasta esotérica… en definitiva, una relación iniciática estable. El ars erotica es más que el mero sexo en que se quedan los kinksters. Es calidad antes que cantidad. Follar por follar es más objeto de la scientia sexualis occidental. Con lo posmos que son los kinksters, no me lo negarán: es palabra de Foucault.

Los kinksters se quedan en sólo la liberación sexual, en un mero “dispositivo de la sexualidad” que constituye la “sciencia sexualis” que no alcanza a ser arte erótico, todo según Michel Foucault en “La voluntad de saber”, para quien

los movimientos llamados de liberación sexual deben ser entendidos como movimientos de afirmación de la sexualidad. Lo cual quiere decir dos cosas: son movimientos que parten de la sexualidad, del dispositivo de la sexualidad en el interior del cual estamos atrapados, que lo hacen funcionar hasta el límite de sus posibilidades […]

SER bedeesemero es ser más que sólo kinkster, no debiéndose confundir lo general con lo especial, el todo por la parte. Implementar alguna o algunas parafilias o fetiches, como basta para ser kinkster, no llega a ser práctica de BDSM. ¿Quien, fuera de lo convencional, se limita al spanking -azotes- es un Dom. como spanker o sumiso como spankee? No: para que la relación se incardine dentro del BDSM, se requiere más. El BDSM implica -no es- sexo no convencional, sí, pero más que eso, canalizado con una forma imprimida por unas dinámicas que, realmente, no deja de constituir rito elaborado, complejo, arte.

El BDSM, como algo integral, sistemático, más pasional que sexual, requiere mucho, muchísimo esfuerzo, muchísima dedicación para aprender y no estancarse -ambas partes en una relación D/s se exigen mucho para ayudarse mutuamente a avanzar-, muchísima atención entre el Maestro -prescindo deliberadamente de la traducción como “Amo”- y el sumiso. Sin complejos, sin sentimientos de culpabilidad ante la desigualdad y verticalidad que implica la relación por ser conscientes de desarrollarse en lo que también Foucault llamaba “heterotopía”.

Eso nos diferencia a los bedeesemeros que vivimos el BDSM de los kinksters que juegan a BDSM: la verticalidad y la desigualdad de nuestra vivencia siempre simbólicamente iniciática, en continua búsqueda de aprendizaje, y una ética que salvaguarde nuestra heterotopía y que coherentemente respete otras heterotopías.

No acepto que tanto kinkster pretenda confundir: ellos juegan a, entre otras cosas, BDSM, pero no somos lo mismo. Lo suyo es sólo sexo: lo nuestro es mucho más que eso.

Escrito entre el 8 y el 16 de octubre de 2016

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